El acúfeno puede manifestarse como un pitido, silbido o zumbido sin una fuente externa. Cuando se vuelve persistente, puede afectar el sueño, la concentración y el bienestar emocional.
Estar en silencio y escuchar un zumbido que parece venir de ninguna parte es una experiencia que puede resultar desconcertante. Se conoce como tinnitus o acúfeno y, aunque suele relacionarse con problemas del oído, también intervienen los mecanismos del sistema nervioso que procesan la información auditiva.
El acúfeno no es una enfermedad en sí misma, sino un síntoma que puede tener distintas causas. El sonido no siempre es un zumbido: también puede percibirse como un pitido, silbido u otro tipo de ruido. En ocasiones aparece de manera pasajera, pero cuando persiste puede convertirse en una molestia que interfiere con las actividades cotidianas.
Entre las causas más frecuentes están la pérdida auditiva, la acumulación de cerumen y algunas alteraciones del oído medio o interno. También puede asociarse con infecciones, traumatismos y otras condiciones médicas. Por eso, identificar su origen es fundamental para establecer el tratamiento adecuado.
“El oído transforma las vibraciones del aire en señales eléctricas que el sistema nervioso interpreta. La información viaja a través de distintos centros nerviosos hasta llegar a la corteza cerebral, donde adquirimos conciencia de los sonidos”, explica el doctor Gonzalo Corvera, director del Instituto Mexicano de Otología y Neurotología (IMON).
Cuando cambia la información sonora que llega al cerebro, las neuronas encargadas de procesarla pueden modificar su actividad y contribuir a generar la percepción de un sonido sin una fuente externa. Además, las señales procedentes de la mandíbula y el cuello pueden influir en el tinnitus, lo que explica que algunas personas noten cambios en el sonido al mover estas zonas.
El papel del estrés y la atención
La intensidad de la molestia no depende únicamente del sonido, sino también de la atención que le prestamos. El cerebro tiende a mantenerse alerta ante estímulos cuyo origen desconoce, y el estrés puede aumentar esa vigilancia, haciendo que el acúfeno se perciba como más intenso o difícil de ignorar.
Sin embargo, existe un proceso llamado habituación, mediante el cual el cerebro aprende a dejar de prestar atención a estímulos constantes que no considera relevantes. Con información médica adecuada y estrategias para manejar el estrés, algunas personas consiguen reducir el impacto del tinnitus, incluso cuando el sonido no desaparece por completo.
La terapia sonora, las técnicas de relajación y las intervenciones psicológicas, cuando están indicadas, pueden formar parte de este abordaje.
¿Cuándo buscar atención médica?
El diagnóstico comienza con una historia clínica, una exploración del oído y pruebas de audición. Según los resultados, el especialista puede solicitar estudios adicionales o valorar otros factores que contribuyan al síntoma.
“En función de los resultados, puede ser necesario realizar estudios de imagen del oído o del sistema nervioso y, en casos seleccionados, valorar también problemas de la mandíbula, el cuello o el sistema musculoesquelético”, señala el doctor Corvera.
El tratamiento depende de la causa y de cuánto afecta el acúfeno a la calidad de vida. Si el zumbido persiste, es recomendable acudir con un especialista. Si aparece repentinamente junto con pérdida de audición, se requiere atención médica urgente.
Aunque no todos los casos pueden resolverse eliminando el sonido, un diagnóstico adecuado permite identificar posibles causas y encontrar estrategias para disminuir las molestias. Comprender qué ocurre en el sistema auditivo es un primer paso para recuperar el bienestar y evitar que el tinnitus se convierta en el centro de la vida cotidiana.
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