El chef Gerardo Quezadas lleva a la mesa siete preparaciones inspiradas en la novela mexicana, en una experiencia que combina tradición, creatividad y memoria culinaria.
La literatura también se puede disfrutar con los sentidos. En Como agua para chocolate, Laura Esquivel convirtió la cocina en una protagonista capaz de transmitir emociones, despertar deseos y marcar el destino de sus personajes. Ahora, ese universo literario encuentra una nueva expresión en Angelopolitano, donde el chef Gerardo Quezadas presenta un menú especial inspirado en las recetas que dieron identidad a una de las novelas mexicanas más reconocidas.
Con la presencia de la escritora durante la presentación, esta propuesta gastronómica invita a redescubrir la historia de Tita a través de preparaciones que evocan algunos de sus momentos más memorables. La iniciativa no busca reproducir literalmente cada receta, sino reinterpretarla desde la perspectiva del chef, conservando el vínculo con la cocina tradicional mexicana.
En entrevista para Hola Polanco, Gerardo Quezadas destacó la importancia de llevar a la mesa una historia en la que la gastronomía tiene un papel fundamental.
“La cocina tiene la capacidad de contar historias y transmitir emociones. Con este menú buscamos que cada platillo conecte con los recuerdos de la novela y que los comensales puedan descubrir Como agua para chocolate desde una experiencia diferente, a través de los sabores, los aromas y la tradición de nuestra cocina mexicana”, señaló el chef.
La experiencia está integrada por tres menús temáticos: Rosas de Pedro, Boda de Esperanza y Pedida de Mano de Tita, además de platillos que pueden disfrutarse de manera individual.

El recorrido incluye siete preparaciones que conectan la narrativa de Esquivel con los sabores de México:
1. Caldo de colita de res. De sabor profundo y carácter reconfortante, este platillo recuerda la cocina de hogar y la importancia de las recetas familiares. Su sencillez permite apreciar el sabor de la carne y la riqueza del caldo, convirtiéndolo en una manera cálida de comenzar la experiencia.
2. Codornices en pétalos de rosas. Es una de las recetas más reconocidas de la novela y uno de los momentos más sugerentes del menú. En la interpretación de Gerardo Quezadas, las codornices se doran en mantequilla y se acompañan con una salsa de pétalos de rosa, puré de castañas, miel y anís. El resultado combina aromas florales con matices dulces y especiados, en un plato que evoca la pasión y las emociones que atraviesan la historia.
3. Champandongo de fiesta. Esta preparación reúne capas de tortilla, carne, nata y queso, cubiertas con mole poblano casero. Aunque su presentación recuerda a una lasaña, sus ingredientes y sabores pertenecen a la tradición mexicana. La cremosidad del relleno contrasta con las notas especiadas del mole, creando un plato contundente y lleno de matices.
4. Torrejas de nata. El lado dulce de la experiencia llega con este postre de textura cremosa y superficie ligeramente dorada. Su sabor equilibrado y su carácter tradicional recuperan la esencia de la repostería casera y ofrecen un final delicado para el recorrido.
5. Chalupitas norteñas. Parte del menú de la Boda de Esperanza, estas preparaciones celebran la diversidad de la cocina mexicana y sus sabores regionales.
6. Chile en nogada. Símbolo de la gastronomía nacional, se incorpora al menú de la Boda de Esperanza como una muestra de la riqueza culinaria de México y de las combinaciones de sabores y texturas que distinguen a este platillo.
7. Pastel Chabela. Este pastel forma parte del menú dedicado a la Boda de Esperanza y remite a uno de los episodios más representativos de la novela, donde la preparación de los alimentos adquiere un significado que va más allá de la celebración.




La propuesta se complementa con dos vinos de Bodega Las Pudencianas, un blanco y un rosado creados en homenaje a Laura Esquivel. Durante la degustación, el vino blanco destacó por su frescura y afinidad con las codornices en pétalos de rosas, acompañando los matices aromáticos de la salsa sin restarles protagonismo.
El menú permite reconocer cómo la cocina mexicana puede convertirse en una forma de narración. En manos de Gerardo Quezadas, las recetas adquieren una nueva dimensión sin perder sus referencias tradicionales, mientras que los tres recorridos temáticos invitan a relacionar cada preparación con los acontecimientos y emociones que definen la historia de Tita.
La presencia de Laura Esquivel durante la presentación reforzó el carácter especial de esta iniciativa, que celebra el encuentro entre dos expresiones culturales profundamente vinculadas: la literatura y la gastronomía.
El menú inspirado en Como agua para chocolate estará disponible hasta mediados de noviembre en Angelopolitano, ubicado en Puebla 151, colonia Roma Norte, Ciudad de México.

